Por si alguno todavía no se ha enterado las lámparas incandescentes, es decir las bombillas tradicionales con filamento de toda la vida de 60 vatios, fueron retiradas del mercado el año pasado, debido a su baja eficiencia. Entre el 90 y 95% de la potencia que utilizan estas lámparas se disipa en forma de calor, lo que hace que quemen al tocarlas y únicamente una mínima fracción del 5% al 10% se transforma en luz.
Las principales alternativas a las bombillas de bajo consumo principalmente son: las lámparas fluorescentes compactas (bombilla de bajo consumo habitual) y las lámparas LED (diodo emisor de luz) para algunos todavía algo desconocidas.
La primera conclusión es obvia los LED y las lámparas fluorescentes compactas son más ecológicas que las bombillas tradicionales de hilo incandescente, que consumen más energía para generar la misma cantidad de luz.
Entre la tecnología LED y la fluorescente compacta, la diferencia de impacto ambiental se aprecia, principalmente en los recursos requeridos en la fabricación. La opción fluorescente es ligeramente más dañina medioambientalmente. El único punto desfavorable para los LED es la generación de residuos peligrosos. Las bombillas hechas con estos dispositivos llevan un componente de aluminio necesario para absorber y disipar el calor generado evitando el sobrecalentamiento. El proceso de obtención del aluminio es intenso en consumo energético y los subproductos, como el ácido sulfúrico, deben ser tratados como residuos peligrosos.
Sin embargo la tecnología LED todavía está en desarrollo, y los expertos consideran que se mejorará la eficiencia y el tamaño de aluminio utilizado. Se calcula que en el 2017 las lámparas LED tendrá un 50% menos impacto que las actuales y un 70% menos que las bombillas fluorescentes compactas.
